El hotel de los espíritus

Haunted room

En el centro colonial de una ciudad pequeña en el Ecuador, hay una casa, más de cien años. La casa es hermosa, con jardines, patios y habitaciones de todas las formas y tamaños. Los clientes llegan, encantado por la flora y antigüedad.

Sin embargo, la casa tiene su secretos. Había una familia que posee la casa antes, y tuvieron un hijo, un drogadicto, que perdería el control. Lo encerraron en una jaula gigante de pájaro, dejó solo a su adicción y su tormento. Cuando mi familia se mudó en la casa, la jaula estaba allí; agujas usadas fueron dispersadas al dentro. Hoy en día,  la jaula todavía está en el patio; lo hemos rellenos con flores y plantas. Hubo otro rumor, de asesinato y abuso, en algún momento hace mucho tiempo. El alma de la mujer se dejó vagar por las habitaciones. Esta casa, como esta ciudad, fue construida en los terrenos de sangrientos de colonización, genocidio, sometimiento de toda la raza siguió por siglos de servidumbre.

A las 3:00 en la mañana, los huéspedes se levantan, la presión de manos alrededor de sus cuellos. Puede escuchar a una mujer gritando por ayuda. Pasos caminan en el pasillo largo y vacante. Hay un golpe en la puerta; el muchacho en la recepción abre la puerta para encontrar nadie allí. Él cree que es el diablo.

Los espíritus viven en este lugar. Usted puede sentir a su mirada en la parte posterior de su cuello cuando te despiertas para obtener agua. Susurros flotan de habitaciones vacías.

Una vez, me desperté en medio de la noche; un zumbido provenía de la cocina. Salió, descalzo en pisos fríos y noté que el congelador estaba abierto. No pensé, lo cerré como mis ojos ajustadas la oscuridad. Di una vuelta alrededor, el zumbido sigue viniendo a través de la sala y mis ojos encontraron llamas. Cada quemador de la estufa de cocina se encendió. Alguien había encendido el gas. Yo estaba en la casa sola.

Apagué la estufa y recité el mantra de mi gracia salvadora: Letras de la canción “Soul Meets Body.” No sé ninguna rezo. Cuando era mucho más joven, en esta casa, repetía estas mismas letras de vez en cuando hasta que me quedé dormida. A veces no pude dormir, así que arrullaban mis ojos por páginas y páginas de libros. Siempre sentí que no estaba solo.

Apariciones en un hostel no son ideales, así que llamamos a alguien que tenía una reputación como un limpiador. Ella era bruja. Ella llegó con palillos de cobre; ella hizo giros en pánico con los palillos. Tres veces, tuvo que volver. Ella no nos dijo lo que sentía; sólo nos contó que los espíritus no se mecían.

Ha pasado el tiempo. Los espíritus ocultan y emergen, cuando se sienten. Cuando se esconden, descansamos en la calma, esperando. Cuando llegan, agitan la casa. Los huéspedes dejar frenéticamente en medio de la noche. Dejar de recepcionistas. Puertas están cerradas. Sillas aparecen al lado de mi cama, esperándome cuando me despierto. Los espíritus no importa cómo respondamos. Ellos están aquí para quedarse. A ellos, nosotros somos los intrusos, los que invaden su espacio. Simplemente están haciendo su propia limpieza–sobre nosotros.


Artista, profesora, viajera y entusiasta de todo lo oscuro y todo pintado. Actualmente, Emma vive en Ecuador, donde coordina y enseña a una escuela, se pinta murales y vive con espíritus.

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