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La Vida Orgánica, El Cuerpo Feliz: Los Jabones del MoMa

*Traducido por Fanny Villegas

Todo empezó con un problema en sus manos. Hace cinco años, Gabriela Martínez se dio cuenta que la piel de sus manos estaba reaccionando alérgicamente al jabón comercial. Ella no estaba segura que ingrediente especifícamente le causaba alergia, pero sabía que tenía que cambiar algo.

Muchos de nosotros que tenemos la piel sensible entendemos este sentimiento. Nuestra piel se mueve en un rango entre muy grasosa y muy seca; el uso de champús o jabones fabricados químicamente causan granos o erupciones alérgicas. Entonces, en lugar de renunciar, Grabriela decidió hacer frente a este problema y buscar una solución. Ella investigó y encontró que muchos jabones comerciales utilizan parabenos, productos petroquímicos, perfumes sintéticos y colorantes artificiales. Al leer acerca de los efectos secundarios de cada una de estas sustancias, sin mencionar el efecto combinado de las mismas, se dio cuenta de que no podía usar más jabones comerciales.

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Ella tomó un curso de fabricación de jabónes naturales y, poco a poco convirtió la cocina en su laboratorio. Sus jabones comenzaron de una manera simple: arcilla, leche de cabra y arroz. Gabriela hizo una investigación sobre los diferentes sabores que pueden tener los jabones y se sorpredió al encontrar que en Europa y Estados Unidos los vendedores estaban comercializando jabones con sabor a tocino y cerveza negra en $30, por mencionar los más extraños. Finalmente, ella quizo experimentar con jabones sabor a cerveza, para deleite de sus amigos varones y miembros de la familia. Encontró entonces, que los sabores locales de Ecuador permiten que los jabones sean más eficaces para quitar manchas, suavizar la aspereza de la piel y como exfoliante de la acumulación de impurezas.

Su curiosidad alcanzó el punto máximo cuando descubrió que estaba embarazada de su primer hijo; sabía que quería usar definitivamente jabones y champús orgánicos toda su vida. Ella comenzó a investigar las propiedades de los ingredientes locales para averiguar lo que era mejor en la reducción de estrías, mejorar la circulación y contrarrestar la sensibilidad de la piel por la variación hormonal.

Por ejemplo: el chocolate en el jabón estimula la sangre y ayuda a eliminar la celulitis. El romero es bueno no sólo para la piel sino también para el cabello. El polvo de arroz, mezclado con el jabón funciona como un exfoliante. La leche de cabra suaviza las arrugas y purifica las imperfecciones. Ella amplió su búsqueda a ingredientes que nunca antes había encontrado en su investigación: hierba luisa del jardín de su madre, el cedrón del mercado, especias y aceites esenciales que utilizó después como: la cúrcuma, la bentonita arcilla volcánica, grandes cantidades de aceite de coco de Vilcabamba, aceites esenciales y esencias importadas de Europa o Estados Unidos. A pesar de que los aceites y esencias puras no se producen comúnmente en Ecuador, hay una tendencia hacia el uso de productos orgánicos que recién está empezando.

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Es cierto que la compra de jabones orgánicos no es tan conveniente como la compra de los contenedores plásticos de jabones en el supermercado. Los jabones orgánicos son más costosos, varían desde $ 3 a $ 5. Pero el precio refleja la calidad del producto, y cada pastilla de jabón es un proceso diferente. La fabricación comienza con una combinación de aceites, a continuación se agrega una mezcla de sabores y esencias, y luego se adicionan tintes naturales hechos a partir de vegetales y frutas.

Después de que había experimentado y hecho jabones para ella y sus amigos durante algunos años; Gabriela decidió que era el momento de hacer realidad una marca de jabones, así nació MoMa.

Para separar sus jabones de los demás, Gabriela dejó la típica forma cuadrada o rectangular en el diseño, y en su lugar, trabajó en una forma oleada a lo largo del borde superior, como si estuvieran hechos de merengue blanco en lugar de glicerina caliente. También ha comprado una serie de moldes de silicona, que no se encuentran en Ecuador, los cuales importa de los Estados Unidos, para crear jabones en diferentes formas como: de panal de abejas, de un árbol de la vida, de conchas de mar o de un ramo de rosas.

Gabriela, vendió por primera vez sus jabones al público en general, en las ferias de noviembre, el año anterior. En esa primera feria, nos relata la experiencia de un niño que se acercó a su mesa. Él era cubano, alrededor de seis años de edad, y se fijó en los jabones de mora y frutilla. Este niño se enamoró de los colores vibrantes, de los exquisitos perfumes y del particular diseño de cada uno de ellos. Compró cinco jabones, con su propio dinero tomados de su pequeña cartera, y con orgullo, Gabriela le entregó las facturas por su compra. Esa primera feria, se vendió los jabones de eucalipto y arroz para los clientes masculinos, y los jabones de leche de cabra, arcilla, cedrón, naranja y miel para las clientes femeninas. Ella empacó su mesa, se fue a casa, y con una gran motivación decidió seguir haciendo aún más jabones.

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Justo en esa época, mientras buscaba un lugar para su taller, y dándose la vuelta por un viejo cobertizo en el patio trasero de sus padres, Gabriela descubrió que estaba embarazada nuevamente. Con su cuerpo adolorido, pero con la gran ayuda de su madre, Lilian, ella seguía mezclando los ingredientes y los aceites burbujeantes. Usando guantes, mascarillas y delantales, empezaron a crear toda una serie de nuevos sabores: cereza, almendra y coco. El taller es una habitación pequeña, llena de colores que en la actualidad huele a cerezas y chocolate. Un área de la cocina alberga una batidora de tamaño industrial y unos cincuenta contenedores llenos de diferentes hierbas, aceites, polvos y raíces. Por encima del lavabo están pequeños frascos de colores, a la espera de convertirse en jabones con ondas del arco iris.

Cuando se hace un lote de jabón, se necesita cuarenta días para secar. Apilados en estantes de madera, decenas y decenas de jabones con diminutas etiquetas escritas a mano y con las fechas oficiales de su creación; se alistan para ser vendidos y utilizados por aquellos que quieren abandonar el uso innecesario de los productos químicos potencialmente dañinos para sus cuerpos.

Gabriela cree firmemente que lo que usamos sobre nuestro cuerpo cambia lo que está adentro del mismo. Nuestros cuerpos no fueron hechos para consumir toxinas, fueron hechos para funcionar de forma fluida, para moverse con facilidad, para purificar sus poros, para mejorar nuestra piel. Es una sensación extraña, frotar una barra suave de arcilla bentonita de Vilcabamba sobre las mejillas, pues, al secar el agua notamos la forma mucho más suave que se siente realmente. Gabriela sólo utiliza sus jabones orgánicos, tanto en la piel como en el cabello (los jabones de romero son muy buenos para este ultimo también).

Se continúa trabajando en nuevas ideas: lociones, cremas, maquillajes. Con paciencia, cada cuarenta días a la vez, ella está cambiando la forma en que los miembros de su familia, sus amigos y sus nuevos clientes ven el jabón comercial. Con cada barra, ella deja tras de sí un feliz rastro de piel hidratada, amada por los cuerpos que disfrutan la forma orgánica.

*Una cosita: el autor quiere que Uds. Saben que ella está usando los jabones y también, ella va a venderlos en la feria de CommonGrounds el sabado que viene, entre 9 en la mañana y 4.


Una escritora, una maestra, una exploradora de las montañas, la persona que preguntarse todo y imaginarse todo. Kristen toma momentos en cada día para agradecer la naturaleza y la belleza de todo.

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